Al escribir sobre esta ciudad cierro los ojos y siento que estoy sentada en medio de la plaza nuevamente…pero cuando los abro, las voces se alejan y los sonidos se disipan, todo parece que hubiese sido un sueño, Venecia es un sueño. Miles de palomas y turistas revolotean por toda la Piazza de San Marcos, la cual es un rectángulo gigantesco lleno de cafés por sus orillas, pequeñas tiendas, galerías, la Torre y la magnífica Catedral de San Marcos.

 

Durante el día sólo te sientas y disfrutas, cada café tiene una mini orquesta la cual va tocando la más bella música clásica, termina de tocar un café y continúa el otro y así la música nunca se acaba… y los cientos de palomas asustan a la gente y hacen reír a los que nos dedicamos a observar. Un euro cuesta comprar una bolsita de migas de pan, pero al abrir el paquete…cientos de palomas vuelan hacia ti, los más valientes se sacan divertidas fotos llenos de pajaritos y los demás tiran la bolsa y salen arrancando, mientras las palomas los persiguen. La Catedral de San Marcos es un cuento a parte, comenzaron su construcción en el año 828 para llevar el cuerpo de San Marcos, pero ésta fue destruida y reconstruida por diversos imperios, de ahí que tiene una mezcla de estilos, lo que la hace única en su tipo y verdaderamente preciosa. Tiene 5 cúpulas, sus paredes están cubiertas por finísimos mosaicos y el oro brilla por todos lados (no dejan sacar fotos dentro), es una verdadero prodigio arquitectónico.

Por la noche esta plaza se convierte en un gran salón de arte al aire libre debido a que decenas de pintores exponen sus obras, mientras la música de los cafés ronronea por todos lados. La marea sube por las alcantarillas la cual comienza a humedecer el piso del lugar, pero no es para asustarse, ocurre todas las noches (debo decir que el mito de Venecia hediondo es sólo un mito, nunca sentí un mal olor y eso que estuve en pleno verano). Venecia tiene un sólo problema: es carísima, por eso recomiendo no tomar nada en aquellos cafés (a menos que vayan con el dinero para hacerlo) y preguntar cuánto cuesta el paseo en góndola antes de subir, porque mientras más atardece, más caro se pone el romántico recorrido. Las góndolas y sus gondoleros son un cuento a parte, con sus típicas camisetas a rayas y sus sombreros con una cinta de color colgando, los hace el centro de las fotografías y unos maestros de la conducción; mirarlos cómo doblan en los estrechos canales es un acontecimiento para los turistas y escucharlos cantar es para que el corazón se paralice y regrese en suspiros.

Pero recorrer Venecia a pie es una aventura, sus pasillos son angostos, empedrados, laberínticos y a veces oscuros, debido a la altura de los desteñidos departamentos que tienen entre  4 a 5 pisos, sin contar el que ya está medio hundido en la mar, la cual año a año sube varios centímetros.

No pierdas la calma si te extravías, y seguro que eso ocurrirá porque, la señalética va bien hasta que de repente desaparece y te deja en el cruce de 4 caminos. Esto es lo más emocionante, caminar y caminar sin cruzarte con nadie, dejar de oír el bullicio de la ciudad, caminar en completa calma…para que de repente dobles la próxima esquina y te encuentres con una plaza llena de cafés, restaurantes, alegre música y gente por todos lados; ahí te preguntas ¿de dónde salió todo este gentío? Otras veces la música veneciana se escucha en cada callejón sin dar nunca con su intérprete, y si tienes gran imaginación te parecerá que en cualquier minuto verás a Cassanova arrancando desde la casa de alguna de sus amantes o a algún personaje en una contienda de espadas. ¡Qué belleza!

Y sus pequeñas y “mononas” tiendas están repletas de las famosísimas máscaras venecianas, de joyas y artículos de cristal de Murano (isla que está a 16 kilómetros, sólo tomas un vaporetto y la recorres, es muy pintoresca), ojalá hubiese tenido dinero para gastar en esa época, pero la idea era conocer lo que más podía. Si por algún motivo quieren sentir que están en tierra firme se van al Lido de Venecia (la costa) donde se realiza el Festival de Cine, aquí pueden reencontrarse con el olvidado automóvil, caminar entre las enormes mansiones, la playa y la hermosa vegetación, disfrutando de un exquisito helado, porque debo decir que el helado más rico del mundo lo hacen los italianos.

¿Cómo no se me iba a hacer un nudo en la garganta cuando me despedí de ella y la vi por última vez?, es una ciudad hermosa y el romanticismo emana desde sus entrañas, hoy me parece un sueño y sueño con volver a verla alguna vez.