Berlín…al recordar esta bella ciudad no puedo sólo pensar en turismo, porque es una ciudad cargada de emociones, de historia, de tragedias, de guerra, de dolor, de tecnología, de avances, de libertades, de resurgimiento y de esperanza. Si me dedicara sólo a hablar del turismo, creo que le haría un flaco favor a la carga emocional que representa, tanto para los alemanes, como para Europa en general.

Pero para entender mejor lo que digo, veamos un poco de historia: Berlín es la capital de Alemania, la atraviesan los ríos Spree y Havel y es la ciudad más poblada y extensa del país. Su historia en sí es la historia de la propia Alemania y se remonta alrededor del año 1200, pero entra en la historia en 1415, cuando es elegida capital del estado de Brandenburgo, el cual formaba parte del reino de Prusia. Berlín se convierte en capital del Imperio Alemán en 1871, cuando Prusia logra la Unificación de Alemania, convirtiéndose en un referente cultural, arquitectónico y centro financiero a nivel mundial, hasta nuestros días. Fue la capital durante la Alemania nazi y destruida por los bombardeos aéreos perpetrados por la Royal Air Force y las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos en la II Guerra Mundial; a lo que se sumó la Batalla de Berlín frente al ejército soviético.  Tras la derrota del régimen nazi, Berlín fue dividida en cuatro sectores administrados por los aliados. En 1948, los tres sectores occidentales (Berlín oeste) se reunifican en el marco de la República Federal Alemana (RFA), a lo que la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas replicó con la creación de la  República Democrática Alemana (RDA) en 1949. Así en 1961, la RDA construye el denominado muro de Berlín para separar las dos partes de la ciudad con el fin de acabar con la emigración de alemanes del este hacia el oeste. El muro que contaba con un total de 144 kilómetros, fue uno de los símbolos más conocidos de la  Guerra Fría, el cual finalmente cae el  9 de noviembre de 1989 al aceptar el gobierno de la RDA la libre circulación de los ciudadanos entre las dos partes de la ciudad. Casi un año después desaparece la RDA y se anexiona a la RFA, que traslada su capital de Bonn a Berlín en 1990, dando con ello ingreso en la Unión Europea a la población de la desaparecida república.
Como ven en este resumen histórico, pueden darse cuenta de lo convulsionada que ha sido la vida de los berlineses a lo largo de los siglos, lo mejor de todo es que hoy sólo quedan alegres o tristes recuerdos de todo aquello. Llegué a fines de la primavera pero los cielos eran grises y las gotas de agua comenzaban a caer, viaje durante tres horas en un bus de dos pisos, por supuesto en el segundo piso y frente al ventanal; iba como una niña ¡nunca había andado en un bus así! (ahora Chile está plagado de ellos), era tan “huasa” que cuando pasábamos por debajo de un puente agachaba la cabeza…ya veía que salía volando el segundo piso del bus. Pero bueno, llegué a Berlín “occidental” y el frío te calaba los huesos, mi miedo más grande era que no entendía nada…ni siquiera los nombres de las calles, pero con un buen mapa se llega a todos lados y un poco de inglés también.
Llegué a una avenida principal, donde estaba el zoológico, ¿se pueden imaginar el zoológico en medio de la ciudad? Pues bueno en Berlín lo está y si caminas unas cuadras te encuentras con la famosa iglesia bombardeada (Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche), de la cual sólo sobrevivió a las amenazas aliadas, la torre del campanario; ahí está como un recuerdo de destrucción, negra y medio destruida, mientras a su alrededor se erigen los modernos edificios y los alemanes pasan por su lado sin notar su presencia, una presencia que sobrecoge al extranjero, donde impresionan las fotografías que se encuentran en su interior, mostrando un Berlín en el suelo, azotado por un flagelo llamado guerra. A su lado hay negocios con merchandaise de la ciudad, pero sorprende ver que también venden pedazos del “muro” (si quieres puedes comprar uno por 2 euros, pero estás seguro que es una parte real?) , yo sólo los fotografié. Caminé por la calle Hardenbergplatz, donde tomé un autobús el cual su recorrido pasa por los monumentos más importantes de la ciudad. Wow, Berlín es impresionante, grandes edificios, grandes letreros luminosos, gente de todas las razas y todos los colores conviven sin problemas. Iba ensimismada mirándolo todo, hasta que vi algo que conocía…siiii lo había visto en un video de ¿U2?…la Columna de la Victoria (Siegessäule, con 63 metros de altura), hice parar el bus y bajé en aquél lugar, una rotonda contenía en el medio la famosa columna que termina con una dorada diosa en el tope, pasé por un subterráneo y pagué para llegar a lo más alto desde donde se veía todo Berlín y un pulmón verde (Tiergarten) con hectáreas de bosques que oxigenan la metrópoli. Al final del parque, a la distancia, diminuta y pequeña distinguí la famosa Puerta de Brandenburgo, el gran ícono de la ciudad, la puerta que me transportaría a otra verdad, a otra realidad: al Berlín Oriental.