Berlín. Dos caras de una misma moneda. II Parte

Desde aquella columna se veía un Berlín magnífico, moderno. Hasta el momento sólo había divisado los problemas de una guerra, pero sólo en recuerdos, porque la ciudad se mostraba grandiosa. Nunca pensé que tras cruzar la Puerta de Brandenburgo vería otro Berlín, el oriental, que dejaba a la vista su decadencia, ese Berlín que trata de equipararse con el occidental y de volver a ser lo que alguna vez fue antes de su división.


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Debe ser que la II Guerra no muestra secuelas por la lejanía de ella en el tiempo, pero la Guerra Fría, dejó marcadas grietas y diferencias abismantes. Cuando Berlín se volvió a unir le llamaban la “ciudad de las grúas”, porque se comenzó a construir, a reparar; a aminorar las diferencias que quedaron a la vista cuando el Muro cayó. Habían pasado 14 años desde la “caída” cuando estuve en Berlín y el sector oriental se seguía viendo lúgubre y gris, con departamentos cuadrados, construidos en serie, con ventanas pequeñas, calles angostas con cruces de trenes y grandes porcentajes de terrenos sin construcción; se notaba la pobreza de sus calles y la vejez de sus edificaciones, contrastadas totalmente por la bien mantenida ciudad occidental. El bus que tomé esa mañana me llevó sin saber, hacia la desconocida y desapercibida otra cara de Berlín, aquella que el turista común no observa.

Pero uno de mis más fervientes deseos era encontrar el mítico Muro, según algunos alemanes ya no existía, pero tomando el metro y caminando un poco llegué al famoso “Check Point Charlie”, una garita de madera, que era el único paso autorizado para entrar al “capitalismo” o dejar el “comunismo” y viceversa, este lugar bien mantenido,  conserva los singulares letreros que avisaban que dejabas un territorio “amigo” para adentrarte en el “enemigo” (que locura!). Cerca de este punto histórico maravilloso, a unas cuatro cuadras estaba lo que andaba buscando: 100 metros en pie del Muro de Berlín. Debo decir que tuve una desilusión cuando lo vi; primero porque era más delgado de lo que había visto por televisión; segundo porque parecía una mera pandereta; y tercero, porque ya le había quitado los famosos rayados y estaba todo raspado; pero no importó, porque igualmente estaba frente al mayor ícono de una Guerra que duró décadas, fue el ícono de aquél tiempo en que todos vivíamos esperando “quién y cuándo se iba a apretar el botón de la temida bomba atómica”, ¿qué tiempos extraños aquellos verdad?

Para mi conformidad me explicaron que el Muro tenía diversas densidades y que en algunas partes podía ser más grueso o más alto y que para el lado este contaba con una zanja de dos metros y alambres de púas, los cuales terminaban en  torres de vigilancia comunistas, que impedía que alguien arrancara al lado occidental. Detrás de la porción de Muro que encontré, había una especie de museo que mostraba fotográficamente la historia de aquella porción de Muro, que no sólo tenía historia reciente, sino que databa de la época nazi, con la sede de la GESTAPO en una de las esquinas.

Pero caminar por las calles de Berlín es para encontrarse con miles de cosas, la calle que da directo a la Puerta de Brandenburgo por el lado occidental, te invita a pasear por el frondoso parque y a disfrutar de la bella fisonomía del Parlamento Alemán, Reichstag, hoy llamado Bundestag que concentra una rica arquitectura antigua mezclada con la modernidad. Cruzando la Puerta, hacia el sector oriental hay una famosa avenida de conocidas tiendas y por todos lados vez osos (ícono de la ciudad, incluso en las luces de los semáforos), la ciudad se enmarca, como toda Europa en construcciones modernas y antiguas como la Catedral protestante (Berliner Dom), o con la plaza Alexandreplatz, que está rodeada por bellos jardines, muchos monumentos al comunismo, la torre de televisión (Fernsehturm) de 368 metros de alto y que cuenta con un restaurante en altura y el Ayuntamiento (Rotes Rathaus).
A veces uno lamenta no saber el idioma, porque siento que me perdí varias cosas interesantes en esta ciudad por no entender ni una “papa” de lo que hablaban o lo que estaba escrito, pero de todas formas me siento satisfecha de haber conocido tan histórica ciudad, una ciudad que se levanta por un lado y que recibe ayuda del otro. Sólo nos queda la esperanza de que no vuelva a existir otro Berlín dividido; y mientras recuerdo esta ciudad, no puedo menos que pensar, que el hombre comete una y mil  estupideces de las cuales muchos no logramos entender.

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5 comentarios

Archivado bajo Alemania, Europa, Historia, Turismo, Viajes

5 Respuestas a “Berlín. Dos caras de una misma moneda. II Parte

  1. Marisela

    Muy buen articulo como el primero y al finalizar me queda un dejo de tristeza.
    Ojala no se vuelvan a cometer mas atrocidades…

  2. Rodralien

    buenisimo chica.
    yo tambien quisiera ir a sacarme un pedacito de historia y de ladrillo de berlin y su muro ademas de rayar una estrella de david en el lado de la gestapo si es que me acerco lo suficiente ;).

  3. Rodralien

    re diablos ¿como viajas de esa forma

  4. Le petit angel

    He descubierto tu enlace en el blog de un buen amigo y me ha encantado ver Berlin a traves de tus ojos, Enhorabuena, tu relato y tus fotos estan muy cuidadas, eres una gran narradora. FELICIDADES!!!

  5. trapatroles

    Como Le Petit Angel iré a Berlín en primavera.
    Saludos

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