Llegar a Chicago fue diferente que las demás ciudades norteamericanas. Todas son tan iguales, que uno tiende a confundirse: llegas por amplias y grandiosas carreteras y siempre al final divisas el “downtown” o centro lleno de rascacielos amontonados en un par de cuadras; pero cuando vi Chicago fue como volver a ver New York, se veía una gran masa de altos edificios repartidos y destacaba entre ellos el que hoy es el más alto de Estados Unidos, The Sears Tower (Torre Sears).

 

Como ya es costumbre en este blog les contaré algo de esta ciudad, la cual es conocida como Second City (La Ciudad Segunda) o Windy City (La Ciudad del Viento), es la tercera ciudad con mayor número de población en Estados Unidos, tras Nueva York y Los Ángeles, pero la más grande del país dentro de su porción continental. Se ubica en el estado de Illinois, en la costa suroeste del Lago Michigan. El clima es variado, en verano se registran temperaturas entre los 29 a 37 grados Celsius  y en invierno intensas nevadas o lluvias acompañadas de temperaturas  mínimas desde los -30 hasta los 0 grados Celsius. Según los relatos de exploradores españoles del siglo XVII, los indios de Illinois (Potawatomis) fueron los primeros en reclamar el territorio que llamaron “Chicaugou”, y que significa poderoso, fuerte o grande. Aunque Chicago sufrió una serie de problemas, incluyendo la Guerra de 1812 entre Estados Unidos y Gran Bretaña, logró mantener sus posesiones territoriales y expandir sus límites. Con el desarrollo del ferrocarril y el Canal Illinois, Chicago se hizo el líder en las industrias ganadera, de virutas de madera, de leña y de trigo. Se corrió la voz de que la ciudad estaba llena de oportunidades, y para mediados de la década de 1850, llegaban hasta 100.000 inmigrantes a la ciudad anualmente buscando tierra y trabajo. El 10 de octubre de 1871, ocurrió el Gran Incendio de Chicago que destruyó la mayoría de la zona central de la ciudad. Arquitectos de fama internacional vinieron a la ciudad para su reconstrucción. Hoy día, Chicago es una ciudad dinámica y culturalmente diversa y según el censo del año 2000 cuenta con 2.896.016 habitantes (hoy seguramente es mucho más).
Gracias a Dios llegué a Chicago a fines del verano, porque la verdad es que a pesar de la época las noches eran bastante heladas y el día un tanto caluroso, y haciendo honor a su sobrenombre siempre corre una buena porción de viento. Hay varias cosas que me impresionaron de esta ciudad, primero la cantidad de rascacielos que tiene, con un centro poderosamente plagado de gente, lleno de oficinas y tiendas que la hacen ser una gran ciudad. La Torre Sears tiene una particular forma y luego de la caída de las Torres Gemelas, se ganó el título de la torre más alta de Estados Unidos, (es una gran atracción) seguro que desde lo alto se debe ver maravillosa la ciudad, sólo me lo imagino, porque obviamente para subir había que pagar y yo no estuve dispuesta a hacerlo, había que ahorrar! El centro, es muy “hollywoodense”, los callejones son angostos y oscuros y tienen aquellas escaleras que trepan los edificios por fuera, por donde siempre va escapando el “malo”, el cual es perseguido por el “jovencito de la película” (da para la imaginación). Chicago debió haber sido un buenísimo escenario para la mafia del siglo pasado, seguro que por alguno de esos húmedos callejones, Eliot Ness persiguió a algún rufián. El metro ayuda a dar cierto “siniestrismo” a algunos sectores, ya que va por sobre las calles  y tiene unas estructuras metálicas poderosas que hacen parecer que uno fuera en un túnel y no en una vía céntrica. Pero ver el Lago Michigan, interminable y sin fronteras te sorprende, parece un tranquilo mar que toca las costas chicanas. Su costanera es armoniosa y tiene una vista maravillosa de la ciudad, sus arenas son amarillas y mayoritariamente se encuentran en la parte residencial. Chicago no sólo es cemento, sino que tienes bastas zonas de naturaleza, sólo hay que tomar una carretera y manejar por 30 minutos para encontrarse con reservas naturales. Fue en una reserva natural donde instalé mi carpa y la primera noche sentí un ruido fuera, salí asustada con mi linterna, pero para sorpresa mía el ruido correspondía a dos mapaches que bajaban lentamente desde la copa de un árbol, me miraron sin miedo y se internaron perezosos entre los arbustos. Encontrarse con animales silvestres, es lo más lindo que me podía pasar, sentir que no me tenían miedo y que andan libremente, es algo que me gustaría ver más seguido en mi país, pero este avistamiento sólo sería uno de tantos que me tocaría encontrar en Estados Unidos.
Chicago es una mezcla de paisajes, de historia, de rascacielos, de gente, es una ciudad tan cosmopolita como New York, pero más tranquila que la gran manzana, lo que le da un toque más provinciano, sino fuera por el frío invernal, sería la ciudad perfecta.