La Tirana es un pueblo que se encuentra a 72 kilómetros al sureste de la ciudad de Iquique en la primera región de Chile, encontrándose en plena Pampa del Tamarugal. Toda vez que pasé por ahí parecía un pueblo fantasma; no vi autos, ni gente, sólo algunos perros vagabundos que nunca faltan en este país y todas las modestas casas cerradas con candados. No parecía que ahí viviesen un poco más de 560 personas.

Pero a pesar de ser un pueblo tan pequeño y desolado es conocido y famoso en toda mi larga tierra y seguramente en muchos pueblos de los países vecinos (Perú y Bolivia), porque es en este singular lugar donde cada año por una semana se arma la gran fiesta religiosa del norte grande, aglutinando a más de cien mil fieles y turistas venidos de distintos puntos del país y del extranjero. Cada 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, patrona de Chile, se celebra la Fiesta de la Virgen de La Tirana, en donde participan bailarines que danzan sin parar día y noche en honor a La Tirana, pero ¿quién es o fue la Tirana?
La leyenda cuenta que Diego de Almagro vino a Chile en 1520. Viajó por los desiertos del sur del Imperio Incásico acompañado del Huillacuma o sumo sacerdote del sol y su hija, una bellísima “ñusta” (princesa noble inca) de 23 años. El sumo sacerdote y doce oficiales intentaron huir de la expedición de Almagro, pero fueron recapturados y ajusticiados por los españoles, en presencia de la propia princesa. Inmediatamente después la princesa huyó, seguida de un centenar de leales guerreros y servidores y se internó en los bosques de la Pampa del Tamarugal. La ñusta se convirtió en sacerdotisa y jefe militar de sus hombres. A partir de ese momento ordenó ejecutar a todo español que cayera en manos de sus soldados. La fama de su belleza y de su crueldad traspasó los límites de su campo de operaciones y empezó a atraer rebeldes de otras comarcas, los que llegaban a ponerse a las órdenes de la que ya era conocida como “La Tirana del Tamarugal”. Un apuesto y joven portugués de nombre Vasco de Almeida, trabajaba en esos años en la mina de plata de Huantajaya en Iquique y alucinado por un sueño y desobedeciendo los consejos de sus amigos, Almeida se internó en la Pampa del Tamarugal, donde fue aprisionado llevado ante la princesa. La ñusta, apenas lo vio se enamoró de él. Almeida era un hombre apuesto y gallardo, pero de acuerdo a lo ordenado por la propia Tirana, el prisionero debía morir. La princesa descuidó todos sus deberes y la conducción militar de sus hombres. Toda su dedicación estuvo para el prisionero que ella, personalmente, custodiaba en su casa de piedra. Sus deberes de sacerdotisa también los descuidó, lo que causó una creciente ira en sus guerreros, la que alcanzó su clímax cuando se enteraron que la ñusta se había convertido en la amante del portugués condenado a muerte. En su afán de salvarle la vida, la dictadora trató de llevarlo a su fe en el Inti o Dios Sol, pero todo ocurrió al revés: fue Almeida el que la convirtió al cristianismo. Pocos días antes del cuarto plenilunio, los amantes se juntaron en un claro del bosque, junto a un manantial (se supone que en ese lugar está construido el pueblo de La Tirana). Allí Vasco de Almeida bautizó a su amante con el nombre de María. Los guerreros, sin embargo, espiaban toda la ceremonia y apenas había terminado ésta y confirmada la traición de la ñusta, los asaetearon con cientos de flechas. La princesa sobrevivió lo suficiente para rogar a sus guerreros que la enterrasen junto a su amado y que pusiesen una cruz en el lugar donde yacieran los dos.
Años después un fraile mercedario halló una cruz toscamente hecha en un claro de la Pampa del Tamarugal, el cura, impresionado por su hallazgo y habiendo oído la trágica historia de los amantes del Tamarugal, ordenó que se construyera un templo en ese lugar y lo bautizó con el nombre de Nuestra Señora del Carmen de la Tirana.

¿No creen que esta leyenda es digna de un guión cinematográfico? Aquí en el norte esta fiesta es todo un hito, la gente se prepara y parte con familia y carpas al pueblo, formándose en la carretera largas filas de vehículos que colapsan el pequeño pueblo, sobretodo el día anterior al 16 de julio. Este día es el más importante, ya que el 15 por la noche la gente espera las vísperas (del 16) con bailes y fuegos artificiales, mostrando todo su fervor religioso. Durante todos los días de la fiesta hay misas católicas por las mañanas, a mediodía y en la tarde, mientras que a las 12 del día parten los bailes afuera del Templo de La tirana, y bajo ese incesante sol del desierto cientos de bailarines le rinden tributo a su patrona con coloridos y acalorados trajes. El principal baile de estas jornadas y el más llamativo es el de la Diablada, ya que sus bailarines con movidas coreografías danzan con grandes máscaras que simbolizan el mal. Es difícil explicar lo que se vive en ese pueblo durante estos días, pero el fervor religioso se vive plenamente la gente aguanta el calor por el día, el frío bajo cero por las noches y el ruido de todos los instrumentos musicales que no paran ni un segundo en la plaza que rodea el Templo.
Lo bello de esta fiesta a parte del despliegue escénico, es la unidad que se ve con nuestros vecinos, es aquí, en estos lugares y fechas donde se puede apreciar que podemos estar divididos por fronteras (y por peleas estúpidas, como a quién le pertenece el pisco), pero que la cultura e idiosincrasia de nuestros pueblos es una sola y que compartimos bailes, historias, religiones, fervores, que no pertenecen a un solo país, sino que pertenecen a toda la humanidad.

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