Europa se caracteriza por ser un continente viejo, lleno de historias, de imperios, de reyes, de bárbaros, de grandiosas batallas y miles de personajes conocidos por el mundo entero; y todas estas características las traen arraigadas hasta el día de hoy y han sido cultivadas a través de los siglos, haciendo que la cultura sea una parte importante de cada pueblo que la compone; es por eso que al estar en Europa se respira una rama de esta cultura conocida como: arte, y Florencia debe ser el lugar preciso para empaparse de este arte que emana por los poros de esta maravillosa ciudad.

Florencia (en italiano, Firenze) es la capital de la región Toscana y de la Provincia de Florencia, ubicada en el noroeste de Italia y cruzada por el famoso río Arno. Desde sus remotos orígenes etruscos hasta el año 1000, fue sólo una pequeña aldea agrícola, formando parte diversos imperios. En el siglo XVII comenzó el periodo comunal y surgieron los primeros y potentes Gremios del arte gótico. Pero fue también un periodo económicamente duro, debido a la peste de 1348; es así como en 1434 comenzó con Cosme de Médicis, el gobierno de la familia Médicis, mecenas que convirtieron la capital Toscana en el centro mundial del arte, la cultura y las finanzas. Esta familia regiría los destinos de la ciudad durante distintos periodos desde 1434 hasta 1737, años en los que la ciudad fue la cuna del Renacimiento. Florencia es la ciudad que posee más obras pictóricas y arquitectónicas del Renacimiento del mundo y fue un semillero de las artes: Pintores como Vasari, Rafael, Leonardo da Vinci, Giotto, Botticelli, Filippino Lippi; Escultores como: Miguel Ángel, Donatello; Arquitectos como: Sangallo, Brunelleschi; y Escritores como: Dante, Poliziano, Boccaccio y Maquiavello; son sólo algunos de los más renombrados y que más suenan en la memoria colectiva, pero hay muchísimos.

La verdad es que no soy una persona que sepa mucho de arte, sólo conozco lo más conocido, pero en esta ciudad no hace falta saber de arte para darse cuenta que éste se encuentra en cada rincón. Florencia, definitivamente hay que caminarla y como es común en Europa, las ciudades no son grandes por lo que se puede llegar a los lugares más conocidos caminando. Los museos están por todos lados y cada uno de ellos contiene alguna pieza que hemos visto por televisión por ejemplo: el famoso David de Miguel Ángel (del cual se encuentran réplicas por toda la ciudad) que está en la Galería de la Academia; en la Galería Uffizi, dedicada exclusivamente a la pintura, hay obras de Botticelli y Rafael; en realidad basta mirar alrededor para ver que todo está hecho por algún famoso pintor o escultor. La catedral de Santa María del Fiore (se le conoce como Duomo, que significa catedral) es una maravilla para la vista, esculpida y pintada exquisitamente en tonos pasteles la hace más grandiosa de lo que ya es, porque tiene una cúpula de 100 metros de altura, constituyéndose en lo más alto que hay en la ciudad de Florencia. Todas las iglesias, por más pequeñas que sean tienen esa característica de colorido, que por lo menos yo no vi en las otras ciudades italianas que visité, seguramente debe estar presente esta misma arquitectura en otro lugar de la Toscana.

Las plazas de Florencia están llenas de estatuas y fuentes, sus calles angostas y empedradas dan ese aire antiguo, que te hace imaginar que así mismo estaba todo en el periodo renacentista. Caminando por estos bellos callejones seguro que darás con el famoso río Arno que divide a la ciudad en dos, sobre este él está el famoso Ponte Vecchio (Puente Viejo) del cual se dice que fue construido por los romanos en madera y más tarde remodelado en piedra, sobre el puente hay diversas tiendas que lo hacen más atractivo para el turista; también se comenta que bajo la ocupación nazi este puente fue el único que no se destruyó por mandato expreso de Hitler, seguramente hasta el “Fiurer” se dio cuenta que tan magnífica obra arquitectónica, que enriquece el paisaje florentino, no podía ser destruida. Al cruzar el puente puedes dirigirte al Palacio Pitti, el cual fue en su tiempo residencia de los Médicis y luego de los reyes de Italia, tiene galerías de arte y un interminable jardín que te conduce a un jardín de rosas que colorea la verde campiña italiana. Si cruzas el puente y tomas la derecha entonces puedes subir hasta la cima de la colina y apreciar a cabalidad este gran museo al aire libre. ¡Qué maravilla de ciudad! Todos los techos color ladrillo dan una armonía y verdaderamente te retrasa en el tiempo, parece que todo estuviese detenido en aquel lugar. Hay tanto por ver que sólo caminando puedes descubrir cada rincón, hay tanto nombre que se olvida, pero tanta belleza por recordar. Escribir sobre Florencia es siempre quedar en deuda con ella.