Para quienes adoramos la historia, Pompeya se convierte en un lugar ansiado por visitar por la tremenda carga histórica que esta ciudad contiene y porque verla nos trae al presente el conocimiento de cómo vivía la gente hace 2000 mil años. Nadie puede decir que son ruinas porque Pompeya a pesar de su edad y de todo lo que le tocó vivir se abre ante ti como la gran ciudad que fue y que sigue siendo hasta nuestros días.

 

 

 Y como ya es costumbre aprendamos un poquito de este lugar. Pompeya fue una ciudad de la Antigua Roma ubicada en la región de Campania cerca de la ciudad de Nápoles y situada alrededor de la bahía del mismo nombre. Fue totalmente destruida y enterrada por la violenta erupción del volcán Vesubio el 24 de agosto del año 79 después de Cristo. A la una de la tarde de es día se produjo una explosión cien veces más potente que la de la bomba atómica lanzada en 1945 sobre Hiroshima, Japón. La parte más alta del Vesubio voló por los aires, comenzando la emisión de gases, polvo y cenizas a la atmósfera que configuraron lo que hoy se llamaría una nube piroclástica. Se calcula que la nube alcanzó entonces más de 30 kilómetros de altura. La mejor crónica de la tragedia procede de los escritos de Plinio, el Joven (quien se basó en muchas de las observaciones dejadas por su tío, Plinio, el Viejo, y en su propia experiencia personal). Plinio describe una enorme columna de humo gris y oscuro, “con la forma de un pino”, brotando del Vesubio. Los pompeyanos creían que vivían cerca de una simple montaña inofensiva, pero el desconocimiento se agravaba si se tiene en cuenta que en la época romana ni siquiera se tenía un verdadero conocimiento de lo que era un volcán.

Gruesas capas de ceniza cubrieron dos ciudades situadas en la base de la montaña, y sus nombres y localizaciones fueron olvidados. Herculano fue redescubierta en 1738, y Pompeya en 1748. Desde entonces, ambas villas han sido excavadas revelando numerosos edificios intactos, así como pinturas murales. Durante las excavaciones, ocasionalmente eran hallados huecos en la ceniza que habían contenido restos humanos, fue así como en 1860, el arqueólogo italiano Giuseppe Fiorelli sugirió rellenar estos huecos con yeso, obteniendo así moldes que mostraban con gran precisión el último momento de la vida de los ciudadanos que no pudieron escapar a la erupción. En algunos de ellos la expresión de terror es claramente visible. El número actual de víctimas detectadas es de unas 2000, y es de esperar que aparezcan muchas más en las partes de la ciudad que todavía no han sido excavadas.

Pompeya impresiona por muchas razones, la primera de ellas es cuando te encuentras con una ciudad más grande de lo que pensabas, la cual puedes estar horas y horas recorriendo. Y esto cambia un poco la visión que uno tiene de las ciudades antiguas, las cuales, al menos yo, pensaba que eran más pequeñas y no tan evolucionadas, poniéndonos en la perspectiva que estamos viendo asentamientos del año 0 aproximadamente.  Hay casas de dos pisos tan bien conservadas, que parece imposible que alguna vez pudo haber estado sepultada, entrar a los lugares, ver puertas, ventanas y camas carbonizadas, es casi increíble. Observar los bellos murales tanto pintados, como de mozaicos, te hacen más bien pensar que el arte era parte de sus vidas. Es impresionante ver las calles totalmente pavimentadas con rocas y en cada esquina unos pilones más grandes que la gente utilizaba para cruzar y seguir la línea de la vereda. Los teatros en perfecto estado y el coliseo te hablan de una vida social y deportiva activa, fueran cuales fueren sus “circos”. Los innumerables templos de diversas deidades te muestran un mundo creyente, da lo mismo cuales fueran sus dioses, lo importante es que ellos también necesitaban creer y tener fe en algo o en alguien.

Dentro del recorrido por la ciudad, lo más sorprendente es ver a las personas de yeso y sus animales, es cierto, parecen sólo muñecos, pero al pensar por un instante que aquella figura alguna vez fue un ser humano, hace que la imagen se vuelva un tanto escalofriante. Hoy el Vesubio sigue siendo uno de los ocho volcanes más activos y peligrosos del mundo, tiene un fácil acceso: tomas un bus, luego caminas hasta la cima y puedes ver un cráter que te desilusiona, eso me pasó a mi, pero al pasar los años me he dado cuenta que una de las mejores cosas que pude hacer en Europa fue estar en lo alto de este mítico y famoso volcán, y hasta el día de hoy atesoro un par de rocas volcánicas que conservo del lugar. (Además la vista de la bahía de Nápoles desde ahí es maravillosa).

Pompeya es una ciudad encantada, esperando por gente que pueda leer entre sus líneas y la pueda apreciar en su arquitectura, pintura, religión y cultura. Pompeya es historia, una historia que sobrevive en nuestro presente y que desea que por un instante nos paremos, veamos su grandiosidad y sintamos en el alma, el dolor que allí se vivió cuando el imponente Vesubio acabó con ella para siempre.