Pisa. La ciudad de la torre inclinada

Pisa es una pequeña localidad ubicada en la bella región de la Toscana italiana. Llegué a Pisa en el primer asiento de un bus que me llevaba desde la ciudad amurallada de Lucca, distante a un poco más de 30 minutos (si mal no recuerdo) por una carretera de un vía que por momentos pasaba por frondoso y verdes árboles y después por un campo tan verde y un cielo tan azulado, que hasta el día de hoy me parece un sueño.

La Torre Inclinada de Pisa es el campanario de la catedral de Pisa. Fue construida para que permaneciera en posición vertical pero comenzó a inclinarse tan pronto como se inició su construcción en agosto de 1173. La altura de la torre es de 55,7 metros desde la base, su peso se estima en 14.700 toneladas y la inclinación actual es de aproximadamente un 10%. La torre tiene 294 escalones. La construcción de la Torre de Pisa se desarrolló en tres etapas durante un periodo de 200 años. Existe controversia sobre la identidad del arquitecto. Sólo en 1372 se construyó la última planta (el campanario) y las campanas fueron instaladas.
Se cuenta que Benito Mussolini ordenó colocar la torre en posición vertical, por lo que se vertió cemento en sus cimientos. El resultado fue inesperado, la torre se hundió aun más en la tierra reblandecida. Durante la II Guerra Mundial la armada de los Estados unidos destruyó todas las torres cercanas en Pisa debido a la amenaza que suponían los francotiradores desde esas posiciones. Se programó la voladura de la Torre inclinada, pero una orden de retirada en el último instante la salvó de la destrucción (una mano divina para mi gusto). El 27 de febrero de 1964, el gobierno de  Italia pidió ayuda para prevenir la caída de la torre. Un conjunto de ingenieros,  matemáticos e historiadores se asignó al proyecto y debatieron sobre los métodos de estabilización. Tras dos décadas de trabajo, la torre fue cerrada al público en enero de 1990. Después de una década de esfuerzos de reconstrucción y estabilización, la torre fue reabierta al público el 15 de diciembre de 2001.

 

Recuerdo la alegría que sentí cuando por la radio del bus comenzó a cantar Shakira y luego Juanes, es esa alegría media absurda de sentirnos felices cuando estamos en un país extraño y vemos o escuchamos algo que nos identifica, por lo menos con el idioma o con nuestras raíces. Pisa se comienza a abrir ante tus ojos, cuando ese despoblado campo por el cual viajaba comenzó a adquirir un mayor tránsito y prontamente se erigieron a mi izquierda restos de una antiquísima muralla, que en algunas partes está muy bien conservada. El bus se detuvo en una esquina, en las afueras de aquel gran muro y de una enorme entrada, el gentío era realmente impresionante. Bajé del bus con aquella alegría en el corazón de ver con mis propios ojos la “torre inclinada” más famosa del mundo, y sí, tras aquel muro estaba ella inclinada hacia mi derecha, imponente y bella, junto a la catedral y el baptisterio de la ciudad.

En el sitio anda tanto turista que es casi imposible sacarse una foto sin que salga parte de alguna otra persona, además que todos gozan con hacer aquella foto de ilusión óptica donde parece que estuvieras sujetando la torre. Mi primer propósito en ese lugar fue entrar a conocer la catedral, pero para gran asombro mío había que pagar 5 euros. Mi primer pensamiento fue ¿pagar para entrar a una iglesia, a la que le dicen ser la casa de Dios?…para aquellos que viajamos casi con lo justo, de verdad que parece un poco irrisorio tener que pagar para visitar una simple iglesia, ni siquiera en el Vaticano hay que pagar…entonces decidí no entrar. Como mi primer cometido no funcionó, entonces el segundo iba directo a la Torre: quería subir. Para subir hay que tener mucha paciencia y contar con 17 euros en el bolsillo, pero esta no era una simple torrecilla, era la de Pisa, asi es que me puse a la fila, compré mi boleto y tuve que esperar por lo menos dos horas para que llegara mi turno, ya que sólo suben 15 personas por vez y tienes 30 minutos.

Durante este periodo, comí una deliciosa lasagna en algún pequeño ristorante que no me significara un gran costo y después aproveché de caminar por la ciudad, y la verdad es que no hay mucho que ver, en cuanto a atracciones, es una ciudad italiana normal, con aquellas casitas de techos color ladrillos, paredes de colores cálidos, y cruzada por el conocido Río Arno.

Por fin llegó el momento, era la hora de subir. Al ascender por dentro de la torre te ocurre una sensación bastante extraña, ya que cuando vas por los peldaños que coinciden con la inclinación, pareciese que no vas subiendo, sino más bien que vas por un terreno plano, e incluso tu cansancio desaparece, y cuando tomas el otro sector vuelve aquella sentimiento de ir agotamiento. (Buena experiencia) Al lograr la cima el panorama es grandioso, a lo lejos se ven inmensas hectáreas verdes y pareciese que hasta se alcanza a ver el mar, y Pisa se ve completita con aquellos techos color ladrillo que me encantan, porque le dan una mayor calidez al paisaje. El primer sentimiento de estar sobre la Torre fue de una inmensa alegría y después al estar en el lado inclinado, de un gran vértigo, que sólo atine a sujetarme fuertemente de las protecciones.

Sin duda estar en la cima fue uno de los pequeños momentos más grandes de mi viaje a Europa, y hoy lo recuerdo con una sonrisa en los labios y con el recuerdo latente de aquel paisaje…cuando cierro mis ojos.

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3 comentarios sobre “Pisa. La ciudad de la torre inclinada

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  1. Acabo de volver de Firenze (Florencia), encantado con la obra, decepcionado con el gobierno italiano i el clero. Es casi más barato comer y dormir que hacer cultura. Entiendo que en los museos haya que pagar, por su mantenimiento, pero no es lógico que vayas a ver determinadas obras, hayas pagado y te encuentres que se estan restaurando o han sido cedidas a otros museos para mostrarlas.
    En cuanto al clero: los templos fueron concebidos para enseñanza de la feligresia (ello incluye frescos, estructura,…) no para beneficio de Razinger y secuaces…
    En cuanto al gobierno italiano o municipal de Firenze he de hacerles mención de varios detalles, numeroso número de indigentes en las calles, suciedad, delincuencia (trileros, vendedores ambulantes ilegales,…) y un hecho que me pareció no vergonzoso sino vergonzante (el botellón y sus secuelas en frente de los edificos públicos).
    A destacar la amibilidad de los italianos autoctónos y su deferencia…
    Fco. Javier.

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  2. Muy buen relato, la Toscana es preciosa, uno de los lugares mas bellos del mundo, además de Cinque Terre en Liguria. Yo estuve a principios del 2008 y los precios han bajado, entrar a la Torre cuesta 15 euros y hay un paquete de 10 euros que consiste en entrar al Duomo (Catedral), Camposanto, Baptisterio y los 2 museos. Muy recomendable.

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