Pisagua forma parte de la historia de Chile, tal vez poco conocida para la mayoría de mis compatriotas. Forma parte de una historia gloriosa, de hombres valientes que lucharon por el honor de nuestro país, pero a su vez, forma parte de hombres cobardes que sumieron a mi Chile bajo el terror de una dictadura, y transformaron este lugar en un gran campo de concentración para aquellos que pensaban distinto. Hoy Pisagua es un pueblo olvidado, de difícil acceso, pero con una carga histórica y emocional potente.

Pisagua fue fundada por los españoles durante el siglo XVII pertenecía a Perú, pero fue tras la Guerra del Pacífico, que luego del llamado Desembarco de Pisagua, hecho por las tropas chilenas pasó a la administración chilena. El 2 de noviembre de 1879 con el desembarco de las tropas chilenas se dio comienzo a la campaña terrestre de la guerra en territorio peruano. Para este asalto anfibio descendieron en Pisagua 4.890 soldados.
A las 7:00 de la mañana, se inicia el bombardeo y poco después se disponen tropas chilenas en chalupas de desembarco. Al llegar a Pisagua, el blindado “Cochrane”, al mando del Comandante Juan José Latorre y la corbeta “O’Higgins” a cargo del Capitán Jorge Montt atacaron el fuerte sur, mientras que al fuerte norte lo atacó la cañonera “Magallanes” y la goleta “Covadonga”. El fuerte norte contestó un disparo antes de quedar inutilizado, pero el fuerte sur mantuvo sus fuegos durante un tiempo mayor.
A las 8:00 de la mañana la operación de desembarco, en la cual descendieron dos compañías del Regimiento de Infantería “Atacama”, al mando del Teniente Rafael Torreblanca, y dos compañías del Regimiento “Zapadores”, de las cuales lograron llegar hasta la playa unos 450 hombres. A las 10:00 de la mañana, tras tres horas de combate, las baterías aliadas fueron inutilizadas, lo que posibilitó el avance de las lanchas chilenas protegidas por la artillería naval. Tras la primera oleada de asalto, logró embarcarse una segunda ola de soldados, que pertenecían al regimiento “Atacama”, del 2° de línea y dos compañías del regimiento “Buin” 1° de Línea, estos últimos al mando del teniente coronel José María del Canto. Debido a los incendios y a lo tóxico del humo, los aliados retrocedieron cerro arriba y el segundo desembarco chileno pudo concretarse con éxito, llevando cerca de 100 hombres más, quienes se incorporaron a los primeros grupos y cayeron sobre las tropas en la cumbre, derrotándolas en toda la línea. Al llegar el tercer desembarco chileno, el conflicto había terminado. A las 3:00 de la tarde, el Teniente Rafael Torreblanca del Regimiento Atacama, iza la bandera de Chile en un poste de Alto Hospicio. Las bajas chilenas fueron de 58 muertos y de 173 heridos; las de los aliados fueron calculadas en 200 entre muertos y heridos.
Al ver Pisagua en terreno, no me queda más que decir que este desembarco fue una gran hazaña. Este puerto fue uno de los mayores en el Pacífico Sur durante el auge salitrero. Durante los primeros años del siglo XX, Pisagua fue el tercer puerto a nivel nacional (luego de Valparaíso e Iquique), sede de los principales bancos mundiales y una de las ciudades más bellas de la costa del Pacífico Sur. Tras el fin de la economía salitrera mantuvo su importancia debido a la explotación pesquera. Pero a fines de los años cincuenta decayó y perdió su sitial como la tercera ciudad de la zona. Debido a su aislada ubicación geográfica fue ocupada como centro de detenciones y campos de concentración durante los gobiernos de Carlos Ibáñez del Campo, Gabriel González Videla y el de Augusto Pinochet.
Cientos de cuerpos se encuentran bajo sus aguas y se han descubierto varias fosas con restos de detenidos y torturados del Régimen Militar. El Campamento de Prisioneros de Pisagua fue utilizado, desde Septiembre de 1973 hasta octubre de 1974, como centro de detención y tortura. Los testimonios entregados revelan que hubo más de 800 personas detenidas. Este recinto registra la mayor cantidad de ejecuciones por la llamada ley de fuga. Durante su funcionamiento estuvieron prohibidas las visitas de familiares y de funcionarios de organismos de derechos humanos. Fueron ejecutadas 19 personas: siete en virtud de sentencias pronunciadas por consejos de guerra, cinco por sentencia de muerte en consejos de guerra cuyo texto se desconoce y siete por la aplicación de la denominada Ley de Fuga.
Un pueblo que un día nos llenó de gloria, pasó la barrera de la inhumanidad y se convirtió en un pueblo de dolor y malos recuerdos para quienes sufrieron los vejámenes de gobiernos que no supieron lidiar con las opiniones diferentes.

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