Milán. La ciudad del bello Duomo

Milán o Milano fue la primera gran urbe a la que llegué en Italia, y simplemente desfallecí con sólo llegar a la estación de trenes, la cual parecía una verdadera obra de arte, con esa exquisita arquitectura que se encuentra en cada rincón de este país. Debo confesar que desde pequeña siempre tuve un sentimiento importante a favor del país de la bota, pero al estar allá sólo confirmé el amor que me une a ella, tal vez en una vida pasada viví por esas latitudes (quien sabe). Milán es bellísima, pero si de algo estoy enamorada hasta el día de hoy es de su famoso Duomo.

Milán es la capital de la Provincia de Milán y de la región  Lombardía. Se encuentra ubicada en las llanuras de Lombardía, al norte de Italia. Fue fundada por los celtas del norte italiano alrededor del año 600 a.C. y luego conquistada por los romanos alrededor del año 222 a. C., quienes le dieron el nombre de Mediolanum. En el siglo IV, se convirtió en capital del Imperio Romano de Occidente durante un breve período. Tras la caída del Imperio, Milán, al igual que el resto de Italia, fue ocupada por hérulos y ostrogodos, y después por los  lombardos hasta 774, cuando pasó a manos de Carlomagno. Durante la Peste negra del siglo XIV, Milán fue uno de los pocos lugares de Europa que no fue alcanzado por la epidemia. El mayor auge de la ciudad fue alcanzado por Gian Galeazzo Visconti, duque de la ciudad entre 1351 y 1402.
Después de intentar conquistar el resto de la Italia septentrional en el siglo XV, Milán fue conquistada por Francia en 1500 y luego por España, en 1535 y durante el siglo XVIII, Austria reemplazó a España, pero después de la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas, la ciudad se convirtió en uno de los principales centros del nacionalismo italiano, reclamando su independencia y la Unificación Italiana. Hoy, Milán es un importante centro comercial e industrial a nivel internacional además de ser el mayor poste italiano por los servicios terciarios, las finazas, la moda, la editoría y la industria.
Como contaba llegué en un antiguo tren desde el pueblo de Bérgamo a esta gran ciudad que impresiona con su arquitectura (al conocer más el país me fui dando cuenta que Italia es así). Italia no es un país de rascacielos ni de la modernidad extrema, como lo es Estados Unidos, y tal vez por eso me encanta, porque soy una enamorada de la historia e Italia es historia viva y pura, en cada rincón hay algo del ayer, que te recuerda lo que alguna vez leíste en un libro. Al recordar Milán, siento que me faltó mucho que ver y me disculpo al pensar que era la primera ciudad que visitaba en aquel recorrido por Europa, creo que no supe cómo manejarme bien, pero de lo que vi tengo bellos recuerdos.
Mi única meta al bajarme del tren fue buscar un lugar donde dormir y encontrar la Catedral de Milán, o el Duomo. Cuando lo vi, no lo podía creer, era realmente impresionante, sobre todo para una chilena que el arte gótico sólo lo había visto por la tv. De verdad, y no exagero, pero no podía creer ni imaginar cómo habían construido aquel edificio, tal vez para la actualidad puedo tener respuestas, pero para el siglo XIV ¡guau, qué hazaña!  La construcción de la Catedral se prolongó durante cinco siglos. Fue comenzada en 1387 con proyecto de un arquitecto desconocido. El Duomo de Milán es la segunda catedral católica romana más grande del mundo (después de la Catedral de Sevilla), tiene 157 metros de largo y puede albergar 40.000 personas dentro, pero las ventanas mayores del coro tienen la reputación de ser las mayores del mundo. Lo único malo fue que en ese tiempo estaban restaurando su fachada lucía cubierta con un lienzo, pero recomendado totalmente es pagar 5 u 8 euros y subir por las escaleras interiores (también hay ascensores, pero es más caro) y ascender hasta el techo, es una verdadera maravilla, cada bloque está esculpido, cada punta está perfectamente tallada (además se puede ver todo Milán desde lo alto), de todas las catedrales que vi, ésta es la más fabulosa, incluso más que Notre Damme. Y su interior es oscuro y frío, recuerdo que estaba tocando una orquesta aquel día y el sonido era magnífico y los vitrales dejan sin habla, debo decir que quedé fascinada ¡qué maravilla! Fuera del Duomo está la plaza del mismo nombre, la cual tiene acceso a las famosas galerías de Vittorio Emanuele, cubiertas con grandes cúpulas de vidrio en forma de cruz latina, aquí también se encuentran algunos de los cafés y comercios más conocidos de la ciudad.
Seguí el recorrido con el mapa y llegué a un parque donde la gente, al parecer en hora de colación, estaba con traje de baño aprovechando el tiempo para tostarse un poquito y luego volver a sus trabajos (Europa es muy relajada), lo mejor de todo fue que al cruzar el parque me encontré con un castillo en medio de la ciudad, no lo podía creer (era el primer castillo que veía), el Castillo Sforzesco, comenzado por los Visconti en la segunda mitad del siglo XIV y continuado en el siglo siguiente por Francesco Sforza, señor de Milán. Hoy recuerdo todo esto y me da risa, debo haber parecido una “huasa del campo” porque todo era nuevo y todo me sorprendía. Además tuve la posibilidad de ir al estadio Giuseppe Meazza, donde jugó el Inter de Milán con el Perugia, no me pregunten cómo quedó el partido, porque para mí todo fue un show magnífico: el estadio, las barras, la gente, los jugadores, los cantos, las pantallas gigantes…uff!, creo que lo que menos miré fue la cancha.
Ese mismo día decidí ir a la  Iglesia de Santa María de las Gracias donde se encuentra “La Última Cena” de Da Vinci, el problema fue que había cupo para dos semanas más y a esa altura seguramente estaría en Roma, no había nada que hacer y tuve que conformarme con verla en cuadros que vendían a las afueras del lugar.
Guardo bellos recuerdos de Milán porque siento que fue el verdadero encuentro de una mujer que toda su vida ha amado sin saber por qué, la historia y los parajes de este país; tal vez fue un reencuentro porque me sentía tan cómoda como si fuese mi lugar de origen. Además comí mi primer “panini”. Recuerdo con ternura Milán porque todo fue nuevo, hoy sé que Italia completa es así.

 

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7 comentarios sobre “Milán. La ciudad del bello Duomo

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  1. He visto esa cosa en revistas y realmente los desgraciados de los curas se merecian una verdadera mandada a la ………..
    Pensemos en la mano de obra de aquel entonces.
    Por ellos al igual que ha San andres me saco la piel para un monumento a la barbarie sacerdotal.

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  2. Yo visité Milán el año pasado… ¿resultado? ¡Este año repito! Como excusa, correr su maratón; como objetivo, volverme a llenar los ojos de belleza, y repostar el ánimo. Ya lo sabes: repite; Milan y Lombardía lo merecen.
    casto beso

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