Llegué a este lugar por circunstancias laborales, y cuando uno conoce sitios tan recónditos siempre te impactan de una u otra forma. Por eso quiero tomar la contingencia y mostrarles qué es Quillagua antes y después de ser el epicentro del último terremoto del Norte Grande de Chile. Quiero mostrarles el abandono y el no futuro de un pueblito cuyo único destino es desaparecer y convertirse en uno de los tantos pueblos fantasmas que existen en el árido desierto de Atacama.


Cerca de tres horas en vehículo nos demoramos desde la ciudad de Iquique hasta el pueblo de “Agua de Luna” (significado de Quillagua en lengua aymara), mi misión era acompañar la ayuda que llevaba la compañía para la cual trabajo y entregarla a las 110 personas que hoy viven en este pueblo, el cual fue azotado por un terremoto grado 7.7 en la escala de Richter; y que paradójicamente, ni siquiera a salido en los diarios ni la televisión, a pesar de haber sido el epicentro. Seguramente a las autoridades y medios de comunicación no les sirve mucho acudir a este lugar, un pueblo en medio del desierto que bordea el río Loa, perdido entre las regiones de Tarapacá y Antofagasta. Un pueblo que mayoritariamente está compuesto por adultos mayores. Un pueblo que está destinado a morir y que nadie conoce, no sirve para “mostrarse” frente a la opinión pública…qué lamentable !Quillagua a comienzos del siglo 20 era la flor del desierto, ya que en la época de oro de las salitreras esta localidad abastecía de forraje a los animales de las oficinas salitreras de la Segunda Región, e incluso llegó a exportar fardos al sur de Chile, pero con la I Guerra Mundial y el desplome del “oro blanco”, las salitreras y Quillagua comenzaron a declinar, lamentablemente para este pueblo el decaimiento aún no tiene fin.Hasta el año 70 el tren Longino (mítico tren que iba desde Iquique a Santiago y demoraba 3 días y 2 noches) paraba tres veces a la semana en la estación de Quillagua, lo que llenaba de vida y turistas la ciudad, pero de pronto en 1973 dejó de pasar por el oasis. Después la autoridad decidió darle otro trazado a la autopista (Ruta 5 norte) y sacarla del pueblo, la cual pasaba por la calle principal de Quillagua, Avenida Comercio. Junto con la carretera desaparecieron los restaurantes, el hotel y los pocos turistas que iban quedando.Décadas más tarde vino el desastre ecológico, en 1982 una empresa sanitaria, entubó las aguas dulces del río Loa para abastecer de agua potable a las grandes ciudades; y finalmente las aguas saladas del río un día de 1997 trajeron a todos los peces muertos, quedando el suelo inerte y los vegetales incomibles. Fuertes lluvias en el norte habían arrastrado desechos tóxicos acumulados por muchos años en el desierto, contaminando las aguas del único sustento de la zona. Los turistas que frecuentaban el balneario del oasis dejaron de llegar, y las cabras, cerdos y burros murieron de diarrea. Y para rematarla, hoy son el epicentro de un gran terremoto. La historia de este lugar tiene más sabores amargos que dulces, pero es una gran historia.Según la National Geographic, Quillagua es el “punto más seco de la tierra” (con registros pluviométricos) en los últimos 40 años apenas registra 0,5 mm de agua caída. Acercarse a Quillagua es para decir: “no podría vivir en un lugar como este”, existen dos teléfonos públicos, el restaurante “San Miguel” donde disfruté una rica cazuela de pollo de corral y un estofado de carne, casi tan rico como el que hace mi abuela. Mientras degustaba esta grata comida casera comenzó a temblar largo y tendido, pero la gente del lugar parece estar acostumbrada, porque todos los que allí se encontraban siguieron “cuchareando” como si nada hubiese pasado.Hacía dos horas que mi celular estaba muerto en aquel lugar, y ya sentía que estaba en medio de la nada. Lo cómico del norte es que después de cruzar dos horas el desierto y comer sólo polvo, de repente aparecen los oasis. Así apareció Quillagua en el amarillo y seco suelo, como una mancha verde que bordea el delgado río Loa (el río más largo de Chile), lleno de árboles, casas de adobe y ni un alma en sus calles. En ese momento pensé que más que el norte eso parecía la zona central de Chile, había olor a campo de Curicó o tal vez de Talca.La gente estaba en la sede vecinal esperando la ansiada ayuda y nos agradecía diciendo que se sentían olvidados y que esto les daba esperanza. Hoy sus casas se ven en pie, pero sólo al entrar a ellas te das cuenta que el terremoto no sólo las maltrató, sino que también las destruyó…la verdad es que este trabajo de periodista muchas veces reconforta el alma, y ayuda a ver esas realidades escondidas para el común de la gente, siento que así como nunca olvidaré la ciudad de Roma, Quillagua tampoco podrá salir de mi corazón, porque ese paisaje tan atípico, su historia y la poca gente que va quedando en el lugar, se robó un pedacito de mi ser para quedarse en aquel pueblito olvidado por el mundo.