Bérgamo fue la primera ciudad italiana que pisé, llegué en un vuelo desde la ciudad de Lubeck, Alemania, atravesé los bellos Alpes y volé por sobre el famoso y glamoroso Lago Como; el único inconveniente fue el piloto, que al parecer estaba aprendiendo a aterrizar y a veces volaba tan bajo que parecía que el ala iba a tocar los anaranjados techos de las casas, después de un aterrizaje casi forzoso tocamos tierra e inconscientemente todos aplaudimos…por fin estaba en Italia.


Bérgamo es capital de la provincia del mismo nombre, en la región de Lombardía, a unos 40 kilómetros de Milán; ocupa el lugar de la antigua ciudad de Bergomum, un municipio romano destruido por Atila en el siglo V. Entre 1264 y 1428 la ciudad fue controlada por Milán, pero pasó al control veneciano hasta 1797, quienes fortificaron la parte alta de la ciudad. Después de la ocupación napoleónica fue ciudad austriaca hasta 1859.
La verdad es que esta ciudad no estaba en el trazado del mapa de “ciudades que quiero conocer”, ya que mi destino principal era Milán, pero estos vuelos baratos dentro de Europa llegan a aeropuertos pequeños y de esa forma llegué a Bérgamo, y vaya que me llevé una buena impresión. Al bajar del bus que me traía desde el aeropuerto, quedé sorprendida con las callecitas angostas por las cuales circulábamos, pero la imagen más bella que recuerdo es mirar hacia el cerro y ver una ciudad medieval en aquel lugar, las torres de ladrillos estaban por doquier, y parecía que el corazón me iba a explotar de emoción. Mis amigos europeos que leen este blog, tal vez no entiendan mi fascinación por los castillos y casas de piedra, y la emoción que me provocan, pero acá en Sudamérica con suerte encontramos un par de fuertes españoles y esa belleza y arquitectura que posee el Viejo Mundo sólo la vemos por la televisión. (Pero en este Nuevo Mundo tenemos las pirámides aztecas, mayas y las construcciones incas, que espero algún día poderles relatar)
La primera gran anécdota fue cuando subí al bus y le quise pagar al chofer, pero éste iba como en una cápsula, o sea, sólo manejaba (Aquí en Chile uno sube al bus y le paga al chofer, quien te da tu boleto), comencé a ponerme nerviosa porque no veía a nadie a quien pagarle. Entre mi italiano “champurreado” hablé con una persona que iba sentada en la primera fila y me contó que el boleto se compraba en los quioscos y que al subir a los buses se marcaba la hora del boleto en unas máquinas (ya que en Italia el boleto dura 90 minutos, durante ese período puedes usar cualquier tipo de locomoción pública), pero que de vez en cuando subían unos inspectores a revisar si habías pagado tu pasaje…guauuu!!! Lo más asombroso fue que los italianos suben con sus boletos…acá en Chile con esa libertad, les aseguro que nadie pagaría…(bueno algo así pasa con el Transantiago, pero esa es harina de otro costal), rogué para que no subiera un inspector y tuve suerte, desde ahí en adelante viajar en bus, tranvía o metro ya era “pan comido”, previamente compraba mi boleto en un quiosco o una máquina.

Fue en Bérgamo donde se cayeron mis primeras lágrimas, cuando subí a la Città Alta y desde el Castillo San Vigilio vi aquella panorámica de un basto y extenso terreno verde sin fin, rodeado por elevadas montañas, miles de techos de tejas color ladrillo y frente a mí aquella ciudad medieval llena de torres y cúpulas. No pude más que emocionarme y sentir que por fin estaba en aquellos rincones que amaba tanto, desde que tenía uso de razón.
Bérgamo se divide en la Città Alta y Baja, la Baja es la moderna y la Alta es aquella que conserva los castillos, torres, iglesias, calles y callejones desde hace siglos, también está amurallada, pero casi ni se nota, ya que hoy es un paseo recurrente de sus habitantes y turistas, pero también constituye la vía para alcanzar la vieja ciudad. La recomendación siempre es caminar y perderse entre las angostas callecitas de piedra, seguro que al final del callejón encuentras alguna “piazza” llena de cafés y gente “parlando”. Llegué por esas “causalidades” de la vida a esta ciudad dual, y hoy la conservo en mis recuerdos como una de las más bellas; la recuerdo como aquella ciudad que me inundó de emociones y sentimientos; como aquella ciudad que me hizo caer en la cuenta que por fin me encontraba en el Viejo Mundo, en ese mundo que yo tanto ansiaba respirar.

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