Cuando hice la investigación sobre qué lugares quería conocer en Europa, recuerdo haber leído alguna vez una frase sobre Sorrento, que la describía como el “lugar donde las casas desafiaban la ley de gravedad”. Me gustó tanto aquella descripción que me quedó grabada para siempre, pero cuando vi el lugar con mis propios ojos no pude más que decir, que aquella simple oración describía la inigualable belleza de la costa sorrentina.


Sorrento se encuentra en la costa septentrional de la península de Sorrento, es una pequeña ciudad de Campania en Italia y popular destino turístico. Dice la leyenda que el nombre de Sorrento deriva de las míticas sirenas, que forzaban a los navegantes a naufragar contra las rocas de la zona. La ciudad tiene un probable origen griego y su prosperidad data del periodo imperial, cuando Capri era la residencia favorita de Augusto y Tiberio. En la antigüedad, Surrentum, era famosa por sus vinos, pesca, y vasos campanienenses de figuras rojas. Tras la caída del Imperio Romano del Oeste, fue dominada por los ostrogodos formando parte del Imperio Romano del Este. En el 552 pasó a manos de los bizantinos, y de los lombardos que conquistaron gran parte de la Italia meridional en la segunda mitad del siglo VI. Como en los siguientes siglos la autoridad de la lejana Bizancio decayó, Sorrento, desde el siglo IX fue un ducado autónomo, que luchaba con las ciudades vecinas de Amalfi, Salerno y contra los sarracenos. En 1133 fue conquistada por el normando Roger II de Hauteville y en 1337 el ducado de Sorrento fue incorporado al reino normando, y en lo sucesivo la historia de Sorrento estuvo ligada, como Nápoles y otras cidudades de Campania, al recién creado Reino de Sicilia. Sorrento entró a formar parte de la República Napolitana de 1799. En el siglo XIX la economía de la ciudad mejoró de forma notable, favorecida por el desarrollo de la agricultura, turismo y comercio En 1861 Sorrento, fue oficialmente anexionada al nuevo Reino de Italia. En los siguientes años, hasta el siglo XX, se confirmó y aumentó su estatus de uno de los más renombrados destinos turísticos de Italia.
Ahh! cada vez que recuerdo mis pasos por Italia, no dejo de decir que bella es, y Sorrento no es la excepción, flores de colores, las pequeñas tiendas en angostas callecitas y un mar que se abre tan azul que deja a cualquiera con la boca abierta. Al encontrarme en la parte baja de Sorrento y mirar hacia sus inmensos precipicios pude ver cómo las casas pareciesen estar colgadas o pegadas a la roca, es simplemente un espectáculo, verdaderamente parece que desafían la ley de gravedad al quedarse intactas sobre el aire.
A Sorrento llegué desde Nápoles en la Circumvesuviana, que es un tren tipo metro que tiene paradas en diversos destinos turísticos famosos como Pompeya o Erculano. El paisaje que se aprecia es maravilloso, sobretodo cuando se ve a lo lejos la bulliciosa bahía de Nápoles. Pero Sorrento era otra cosa, había paz y tranquilidad, los colores de las bugambilias que chorreaban desde las ventanas de las casas pasteles, adornaban y embrigaban con sus perfumes y colores. Y el verde de las enredaderas cubrían los caminos y una que otra ruina que se divisaba desde algún puente.  Uno de los momentos más bellos en este lugar es bajar a pie desde el centro de la ciudad, que queda sobre los acantilados, y bajar caminando por un pequeño sendero que bordea aquel interminable y liso pedazo de roca pura, donde las casas parecieran que se amontonan una arriba de la otra para no caer al suelo. Desde aquel sendero se abre inmenso el azul Mediterráneo y te envuelve con la claridad de sus aguas. Los cruceros blanquísimos esperan en el puerto y los balnearios llenos de pequeños muelles y tiendas para cambiarse ropa, esperan a los cientos de turistas que disfrutan de aquel tibio mar que deja ver hasta lo más profundo de sus entrañas. Sorrento no cuenta con playas, por lo tanto estos muelles están llenos de sillas que acogen a los bañistas, por un precio que no es tan módico.
Al llegar a la marina se aprecia en toda su magnitud los hoteles y casas colgando desde los lisos cerros… y el paisaje es sinceramente divino. Cuando dejas Sorrento desde el mar es sobrecogedor, sentía que mis ojos se iluminaban de ver esa belleza distinta a la conocida, supe desde ese minuto que nunca olvidaría este pequeño lugar, y quedé más convencida que en Sorrento las casas desafían la ley de gravedad.

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