Me voy por un tiempo de este norte que he logrado amar en tan pocos meses, un norte desconocido, un desierto inigualable y un altiplano sobrecogedor. De repente sentí que me quedaba poco y que la ciudad de Arica no podía faltar dentro de esta vivencia nortina. Fueron pocas horas, me faltó tiempo, pero pude admirar la eterna primavera con mis propios ojos y sentirme abrazada por una ciudad cálida.


Arica es una ciudad-puerto y comuna capital de la Región de Arica y Parinacota en Chile. Está ubicada a sólo 19 kilómetros del límite con Perú, denominado Línea de la Concordia, y a 2.071 kilómetros de Santiago. El territorio en el que se encuentra Arica ha estado poblado constantemente por más de 10.000 años. Fue ocupado por diversos pueblos entre los que destaca los camanchacos y chinchorros, uno de los primeros pueblos que realizó la momificación. La región fue dominada por los Tiwanaku, por los Señores Regionales, y posteriormente por los quechuas (Incas del Cusco).
Fue ocupada por los españoles en 1536 y el acta de fundación como villa se consigna el día 25 de abril de 1541, pasando a depender de la jurisdicción del Virreinato del Perú. Su desarrollo fue precario hasta 1545, fecha en que se descubre en  Potosí las más enormes y ricas minas de plata del Nuevo Mundo, transformando a Arica en el principal puerto para la salida del mineral. Gracias a los embarques, la Corona Española le otorga el título de ciudad, pasando a llamarse “La Muy Ilustre y Real Ciudad de San Marcos de Arica, en el año 1570.
Con el devenir de las guerras de la Independencia, Arica se convierte en uno de los principales focos emancipadores del Perú, y la Constitución peruana de 1823 la designa como provincia del departamento de Arequipa. En 1868, la ciudad fue prácticamente destruida en su totalidad por un terremoto de 8,5 grados aproximadamente y posterior maremoto de olas de 7 a 10 metros. El fenómeno se repitió en 1877, pero esta vez las olas llegaron hasta los 14 metros dejando una destrucción total.
Arica además fue escenario de la Guerra del Pacífico con el Combate Naval de Arica y la Batalla de Arica, conocida como Asalto y Toma del Morro de Arica, el 7 de junio de 1880, por parte de las tropas chilenas. Al término de la guerra con Tratado de Ancón la ciudad pasó a administración chilena por diez años. Un plebiscito definiría su pertenencia junto a Tacna, pero este plebiscito no se realizó, sino que se firmó el Tratado de Lima en 1929 que fijó la pertenencia de Tacna para Perú y Arica y su provincia a Chile, desde esa fecha ha sido la puerta norte de este angosto país.
Ciudad de la eterna primavera le llaman por su clima templado durante todo el año, y por las tibias aguas que bañan el extenso litoral que posee (tibias en comparación a las del sur, por que yo las encontré un poco frescas al recordar el Atlántico).
Debo confesar que Arica me sorprendió, siempre escuché en televisión que la gente de la zona se quejaba del abandono en el que se encontraban por estar en el extremo norte, creí encontrar una ciudad pobre, sin vida y de una sequedad extrema. Pero para mi sorpresa me encontré con un verdor insospechado para la zona, muchos árboles, arbustos y flores adornan casi todas las casas, y el aire tibio te recibe con un abrazo que te va cambiando toda idea que tuvieses de la ciudad. El paseo peatonal 21 de Mayo con sus restaurantes y cafés al aire libre hace que las noches sean un lugar animado, vivo y muy transitado. Y aquellas callecitas angostas llenas de quioscos y puestos de artesanías crean un ambiente más ameno el caminar por el vívido centro cuando cae el sol. Y de día mejor ni hablar, con todas las tiendas abiertas y los restaurantes ofreciendo un sinfín de apetitosos menús, sólo se pueden apreciar cientos de personas que van y vienen por aquel centro completamente embaldosado.
El gran ícono de la ciudad es el Morro, que se aprecia desde cualquier punto de la ciudad, con aproximadamente 130 metros de altura en su cima tiene un mirador con una vista inigualable de la ciudad; además está el Museo Histórico y de Armas, que trata de la Guerra del Pacífico; la tumba del soldado desconocido; el lugar exacto donde se izó la bandera chilena para la toma del Morro; y el Cristo de la Paz, monumento emplazado en 1999 con los escudos del Perú y Chile, levantado para conmemorar la paz entre estos dos países, que consigna en su base la cita “Amaos los unos a los otros como yo los he amado”. El Morro fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1971, y para quienes amamos la historia y el país, pararse sobre él y saber lo que alguna vez sucedió en aquel lugar trae a la memoria una carga emocional y patriótica muy fuerte. Realmente creo que todos quienes pelearon en ese lugar, del bando que fuesen, fueron grandes y valientes soldados, que lucharon por una idea, cumpliendo una gran hazaña. Hoy sólo puedo repetir y esperar que guerras como la del Pacífico no vuelvan a repetirse.

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