No parecía que estaba en el norte, al lado de Iquique, Arica era verde, y como Iquique era la ciudad más grande que conocía en el norte de Chile, pensé que esta sequedad era común a lo largo de toda la costa nortina. Quizás por eso me llevé la gran sorpresa al ver Arica, tan verde y colorida, rodeada de hermosos valles y de lugares insospechados por quienes luego de conocer y conocer, nos declaramos cada vez más ignorantes de la belleza de mi país y de la naturaleza en general.

El Valle de Lluta y de Azapa rodean Arica, lugares verdes, con frondosos árboles y sembradíos diversos, que al entrar en ellos pareciese que uno está en otra zona, a miles de kilómetros atrás, en algún lugar de la zona central de Chile, como Talca o Curicó, pero al alzar la vista y ver aquellos majestuosos cerros dorados rodeándote, vuelves rápidamente a la realidad de ese majestuoso norte. El verde, la sequedad y el mar se juntan en un mismo lugar haciendo el clima y el paisaje simplemente armonioso. Además cerca de Arica y tomando camino hacia el altiplano, los paisajes son simplemente sobrecogedores, pero de aquello hablaré a su debido tiempo.
Esta amable ciudad no sólo se caracteriza por el morro, sino que junto a su historia y arquitectura, la hacen rica en cultura y en un recreo melódico para la vista. En la plaza de armas están concentrados varios monumentos nacionales que datan de la época a la cual Arica pertenecía al Perú (pero antes de comentar esto, tengo que decir que la plaza llena de palmeras, árboles, fuentes y coloridas flores hacen de ella un encanto, y el Morro de fondo le da aquel toque especial, tanto así que uno quisiera capturar cada ángulo de ese bello paisaje).
La Catedral de San Marcos que se encuentra apostada en el lugar más alto de la plaza, emerge altiva y bella, su construcción fue encargada por el presidente peruano José Balta a los talleres del francés Gustave Eiffel, e inaugurada en la ciudad el año 1876, además la que hoy es conocida como Casa de la Cultura, también fue encomendada a los mismos talleres franceses, pero para servir como complejo aduanero en Arica. Hoy funciona como un centro cultural, prestándose sus dependencias para exposiciones y diversas muestras culturales. A un costado de la casa también están las antiguas dependencias del Ferrocarril Arica-La Paz, en cuyo interior y junto a las vías funciona un concurrido restaurante. Pero Arica también cuenta con entretención, siendo una de las más nombradas el Casino de juegos, el cual por falta de tiempo no alcancé conocer, pero imagino que no debe ser diferente a los demás, fue fundado en 1960, cuenta con tres restaurantes, tres bares, 240 tragamonedas y 16 mesas de juego. Mmm! y además las playas cercanas hacen que uno pueda regodearse y visitar cada día una diferente. Existen más de 20 kilómetros de playas y las más conocidas y cercanas a la ciudad son Chinchorro, el Laucho y Lisera, pero existen muchas otras a las cuales se puede acceder con tiempo y en auto.
A 12 kilómetros de la ciudad está el Valle de Azapa famoso en el país por sus aceitunas y derivados, y por guardar entre sus bosques y elevadas palmeras el secreto de contener a las momias más antiguas del mundo. Es verdad ha sido poco publicitado y siempre pensamos en las egipcias, pero el Museo de San Miguel de Azapa resguarda momias de 8.000 años de antigüedad, pertenecientes a la cultura Chinchorro y encontradas en la zona, las cuales arrojaron en sus estudios una data de 6.000 años AdC. El museo es pequeñito pero guarda un tesoro incalculable. Así es Arica, diverso, variado, perfecto para visitar, perfecto para seguir explorando, perfecto para descansar, un lugar hermoso entre el desierto y el mar.