Tengo un vago recuerdo de alguna vieja serial llamada “Las calles de San Francisco”, donde los antiguos autos policiales setenteros llegaban a volar por las zigzagueantes calles de la ciudad de San Francisco y caían sacando chispas. Y creo que mucha gente recuerda este sitio por esa razón, pero debo agregar que San Francisco es mucho más que sus admirables calles, es un lugar impresionantemente bello y diverso.

 

Pero como ya es costumbre demos una miradita a su geografía e historia. San Francisco se encuentra en la costa occidental de Estados Unidos, en el estado de California. La ciudad incluye varias islas en la bahía, siendo la más famosa Alcatraz. Cuando llegaron los europeos, en la zona de la costa entre Point Sur y la bahía de San Francisco estaba habitada por la tribu de los Yelamu, pero en 1770 una expedición española dirigida por D. Gaspar de Portolá descubrió la bahía y reclamó dicho lugar en nombre de España, registrándola en los mapas oficiales. Fue así como en 1792 el explorador británico George Vancouver estableció un asentamiento cerca de Yerba Buena, convirtiéndose en una pequeña base para ingleses, rusos, comerciantes, exploradores y colonos europeos. Debido a la distancia del lugar y los consiguientes problemas logísticos, el área estaba aislada, subdesarrollada y dispersamente poblada, por lo que se convirtió en parte de México en 1821. En 1833 se terminó el periodo de misión, las tribus locales de Ohlone y Miwok virtualmente se extinguieron debido a las enfermedades y guerras con los colonos europeos. De esta forma el desarrollo de la población no hispana comenzó en 1822, cuando William Richardson, un ballenero inglés, reconstruyó una parte de Yerba Buena en lo que ahora es Portsmouth Square en el Barrio Chino. Yerba Buena permaneció como una pequeña ciudad hasta que explotó la Guerra México-Estados Unidos en 1846 y una fuerza naval bajo el mando del comodoro John D. Sloat reclamó la zona para los Estados Unidos y cambió el nombre a “San Francisco” el 30 de enero de 1847.
Con la llegada de la fiebre del oro en 1848 la ciudad entró en un periodo de rápido crecimiento, pero el 18 de abril de 1906 se produjo un terremoto devastador que dio como resultado la ruptura de más de 270 millas de la falla de San Andrés. El United States Geographical Survey estimó que el temblor tuvo una magnitud de 7,8 en la escala de Richter. Las cañerías de agua se rompieron y los incendios que siguieron al terremoto estuvieron sin control durante días destruyendo aproximadamente el 80% de la ciudad, muchos residentes quedaron atrapados entre las inundaciones y los incendios, la evacuación a través de la bahía salvó miles de vidas, estableciéndose campos de refugiados en Golden Gate Park, Ocean Beach y otras zonas subdesarrolladas de la ciudad. El número oficial de muertos fue de 3000 personas. En los años 90 San Francisco se convirtió en un hervidero de nuevas empresas de tecnología que se fueron instalando en el famoso Silicon Valley tales como Oracle Corporation o United  Airlines que son originarias de esta ciudad estadounidense.  Así es la resumida historia de una gran ciudad que vio erigirse sobre la bahía en el año 1937 a su más famosa atracción: el puente Golden Gate, aquél que me recibió con el mejor de los climas y una bahía despejada para poder admirar cada uno de sus rincones. Esta megaestructura asombrosa, desde lejos parece que estuviera suspendida sobre las aguas, afirmada por unos delicados hilos, que al verlos de cerca se vuelven gruesos cables de acero que no puedes rodear con una sola mano. La máquina fotográfica agota sus baterías de tantas imágenes que quiere registrar, porque no quiere perderse ningún ángulo; y sin duda que desde lejos, cerca y sobre él, este puente no deja nunca de impresionarte. Recomendado es el cruce de este rojizo gigante en automóvil y caminarlo por un par de millas, para luego subir al cerro y admirar en todo su esplendor la maravillosa Bahía de San Francisco, donde a lo lejos puedes divisar, casi diminuta la más famosa prisión del mundo: Alcatraz.
El centro lleno de las huellas de tranvías le dan un toque especial, es la mezcla perfecta entre lo antiguo (pero bien conservado) y de la modernidad con sus altos y abrumadores edificios, mientras aquellos carros repletos de gente van de un lado a otro, subiendo sin esfuerzo por aquellas empinadas calles y hermosa arquitectura victoriana. Ese paseo por los cerros es obligatorio, al igual que la bajada en auto o taxi por Lombard Street, la serpenteante calle más famosa de la zona, que al mirarla desde abajo parece que los automóviles fueran a irse de punta contra el suelo. Y el paseo a la hora de almuerzo debe ser por Fisherman´s Wharf , lugar adornado por tiendas de souvenirs y cientos de restaurantes donde se puede comer la famosa Clam Chowder o sopa de Almejas en pan (debo admitir que no tomé sopa porque no me gustan los mariscos, pero por las caras de mis padres y de la gente que las come en la calle, parece que son bien buenas).
Todos los lugares son bellos en San Francisco, incluso aquellos que no tienen renombre internacional como Chinatown o Castro que no alcance a conocer en esta oportunidad, pero que espero algún día visitar para decir que conocí otra arista de esta inolvidable ciudad, llena de encantos y de lugares que alguna vez vi en una que otra película. San Francisco, les aseguro, es mucho más que sus calles y una antigua serie de televisión.