Roma. Simplemente bella. I Parte

Aún puedo cerrar los ojos y sentir en mis pies las cálidas calles romanas de aquel caluroso verano, y logro escuchar a su gente hablar ese idioma que tanto amo. Seis años han pasado desde que lloré de emoción frente al Coliseo; seis años desde que cerré mis ojos y lancé aquel euro a la Fontana di Trevi, deseando con todo el corazón poder volver a aquella ciudad mágica y eterna.

Desde que tengo uso de razón la capital del Antiguo Imperio Romano está grabada en mi alma, no tengo ningún lazo con esta ciudad ni con el país que la cobija, es por eso que pienso que si existen las vidas pasadas, debo haber pertenecido a este lugar. Me sentí cómoda entre sus calles y gente, traté de vivir como cualquier italiano común, anduve en bus, metro, tren y tranvía, escuchando y observando cada pedazo de aquella ciudad.
El primer día tenía que ser dedicado al ícono por antonomasia de Roma; il Colosseo. Tomé aquel metro un tanto antiguo y atiborrado de gente para bajarme en la parada del mismo nombre, fue algo grandioso, mientras ascendía por la escalera mecánica, aquel macizo de casi 2.000 años de antigüedad se erguía ante mí y hacía emocionarme hasta las lágrimas, por fin ya no lo admiraba más por televisión o el cine, aquel día estaba parada frente a la historia de uno de los imperios más grandiosos del mundo. Era más pequeño de lo que imaginé y las calles aledañas más estrechas de lo que había soñado, e incluso el Foro Romano, podía verlo desde los balcones del Coliseo.
Si algo puedo recomendarles, es comprar un librito de turismo para que sepan qué están mirando, porque en aquel lugar abundan las ruinas y es más entretenido y energizante saber lo que ves y tocas. Los turistas sobran en este lugar, la fila para acceder al anfiteatro era enorme, pero el tiempo pasa rápido mirando las columnas y observando los muchos centuriones que ganan sus euros sacándose fotos con los viajeros de distintos puntos del mundo. Bajo las columnas, el calor se ha ido, el macizo está poco corroído, mientras el pasillo me lleva por las entrañas del Coliseo que se abre ante mí con la arena en el suelo y los laberintos a corazón abierto para que todos podamos admirarlos. Las antiguas galerías están gastadas, pero eso no quita poder maravillarse frente a tremenda estructura. Es grandioso!
A un costado del Coliseo se encuentra el Arco de Constantino y se da comienzo a la Vía Sacra, que une el estadio con el inicio del Foro Romano. Cruzando el Arco de Tito, las miles de ruinas y columnas, abruman a la vista y enriquecen la mirada con sólo pensar en los miles de años e historia que contiene cada una de esas piedras perfectamente talladas. Caminar por aquella vía es remontarse al pasado y sentirse en aquellos años vertiginosos, donde cada quien creía en lo quería, erigiendo monumentos a sus cientos de dioses, el Forum era lo que hoy conocemos como “el centro de la ciudad”. Aquellas piedras son el testimonio de la vida y las creencias de otras épocas; y el Monte Palatino a un costado del Foro, forma parte de la más famosa leyenda que posee la ciudad. Según la mitología romana, el Palatino era el lugar donde estaba la cueva, conocida como el Lupercal, en la que fueron encontrados Rómulo y Remo y que era el hogar de Luperca, la loba que los amamantó. Se cuenta que el pastor Fáustulo encontró a los niños, y con su esposa Aca Larentia los crió. Cuando ellos crecieron, mataron a su abuelo, que había quitado el trono a su padre, y decidieron erigir una nueva ciudad propia a las orillas del río Tíber, pero tuvieron una fuerte discusión y al final Rómulo mató a Remo, surgiendo el nombre de ‘Roma’ (de Rómulo). En este Monte se encuentran las ruinas del Palacio que fue ocupado por varios emperadores y que hoy constituye un museo al aire libre.
Aquél era sólo el primer día y aún me quedaban miles de sitios que conocer, lo mejor de todo es que la mayoría de las atracciones estaban a un paso de distancia. Estuve una semana en Roma y aún siento que me faltó mucho más que admirar, por eso espero que el euro lanzado a la bella Fontana di Trevi se haga realidad más temprano que tarde.

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