Hay una leyenda que dice que cuando Dios creó el mundo, después de los 7 días se dio cuenta que le sobraba “de todo un poco”; luego de pensar un rato, formó un territorio en el último rincón del mundo, depositando en él todos aquellos “materiales” que estaban demás. Así nació Chile como un largo y angosto pedazo de tierra que tiene un árido desierto, un inmenso mar, grandiosas montañas, lluvias interminables, un sol abrasivo, y nieve, vientos y glaciares que embellecen los territorios más australes del mundo. Son sólo leyendas ¿verdad?, pero cuando uno conoce Pucón y ve sus alrededores, piensas que definitivamente la mano de Dios está puesta en ese lugar.


Pucón es un pequeño pueblo que se encuentra a orillas del lago Villarrica en la Región de la Araucanía, en el sur de Chile y es la zona más importante de asentamiento Mapuche (indígenas chilenos). Por años la región se vio envuelta en la lucha de los conquistadores españoles por anexar el territorio al resto del país. Sin embargo, el proceso llamado “Pacificación de la Araucanía” logró concretarse a fines del siglo XIX. Fue así como Pucón, que en Mapudungun (lengua mapuche) significa “entrada a la cordillera”, fue fundada el 27 de febrero de 1883. Para lograr establecer la ciudad, el comandante del ejército chileno Gregorio Urrutia selló un acuerdo con el cacique Pocollanca, líder mapuche de la zona. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX, el estado chileno además propició la colonización de los nuevos terrenos anexados al país, fomentando la venida de inmigrantes centroeuropeos a la zona.
Decir que en Pucón se ve la mano de Dios, no es una observación exagerada, y creo que por esta misma razón cada año llegan miles de turistas a visitar la zona. Sólo para que imaginen, aquellos que no han conocido el lugar, es un pequeño pueblo de casas de madera, situado entre un lago y un volcán que humea día y noche. Tiene una vegetación exuberante llena de frondosos árboles, enormes helechos y termas de aguas tibias y calientes que emergen de las entrañas de la tierra. Cuenta con el Río Trancura, que tiene los rápidos más famosos del lugar para disfrutar el deporte extremo, tiene lagunas escondidas y saltos de agua impresionantes que nunca te dejan de maravillar. Simplemente en este lugar la naturaleza es sobrecogedora y a pesar de la gran ola de turistas que siempre encuentras en la zona, existen tantos lugares para visitar que logras disfrutar aquella belleza virgen alejada del hombre, donde sólo escuchas el cantar de las aves y sientes el olor a tierra húmeda después de una sorpresiva lluvia. Esto no es sólo Pucón, así es el sur de Chile.
Pucón es una ciudad para caminarla, es diminuta y cuenta con una gran playa de arenas negras a la orilla del lago Villarrica, donde se practica (en verano) todo tipo de deportes acuáticos. El clima de esta zona es bastante lluvioso y a veces en pleno verano hay que arrancar de un aguacero, por eso es aconsejable llevar todo tipo de ropa. Cerca de la ciudad está el Lago Caburgua, con los “Ojos del Caburgua” que son unas cascadas de agua entremedio de los bosques, algo verdaderamente maravilloso. Está el volcán Villarrica, al cual puedes ascender por un camino entre los antiquísimos bosques de coigues, y llegar a las cuevas volcánicas, formadas por las constantes erupciones del volcán, de hecho la última erupción fue en 1984. Las cuevas son muy interesantes, pero lo que más recuerdo es que para el recorrido de las cuevas me pasaron un casco de protección; mientras el guía hablaba me llamó la atención una grieta, la cual me puse a observar detenidamente, y fue en ese instante cuando se cayó el casco, quedando perdido en la oscura profundidad de la “famosa” gireta…me acuerdo y me da risa!
Y bueno aunque sea invierno, hay que llevar el traje de baño porque existen innumerables termas a diversas temperaturas, algunas de ellas con hoteles, otras con pozos en rocas, y otras que parecen estar perdidas entre los cerros y bosques. En esta zona adentrarse en cualquier camino puede resultar una aventura. Los distintos verdes, los aromas, las cascadas endulzando el ambiente con su música, los árboles milenarios, los helechos gigantes, las flores y la fauna que cohabitan en este lugar hacen pensar que si existe el paraíso, pues este lugar debe ser muy parecido.

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